Entre montañas, mares y páramos, Colombia guarda historias que esperan ser contadas. En un país donde el arte debe abrirse paso entre brechas estructurales y barreras de visibilidad, los Premios Príncipe de los Páramos emergen como una plataforma que no solo celebra el talento, sino que reivindica el valor de narrar. Reconocen expresiones que dialogan con el territorio, la memoria y la diversidad cultural, uniendo en una misma conversación al cine, el teatro, el circo, la televisión y los videojuegos, entendiendo las historias como herramientas para transformar la manera en que habitamos el mundo.
El propósito de estos premios trasciende la entrega de un galardón. Buscan inspirar a creadores a narrar realidades que, desde lo local, puedan resonar universalmente; a demostrar que la biodiversidad y la riqueza cultural del país no son solo patrimonio natural, sino materia prima para contar quiénes somos. En esa apuesta, la Fundación Príncipe de los Páramos abre un espacio que conecta artistas consagrados con nuevas voces y entiende que las historias pueden transformar la manera en que habitamos el mundo. Su valor intrínseco radica en la capacidad de integrar lenguajes artísticos diversos en una misma conversación y de ver el arte como un ecosistema donde todas las expresiones dialogan. En esta convergencia, los videojuegos encuentran un lugar inesperado y, a la vez, necesario.

La inclusión de los videojuegos en las categorías del premio es más que un gesto simbólico: representa el reconocimiento de una industria que en Colombia ha crecido en silencio, pero que posee un potencial enorme para contar historias sociales, culturales y ambientales. En el lenguaje del videojuego, el jugador no solo observa, actúa, decide, fracasa y vuelve a intentar. Esa dinámica convierte la experiencia en algo más que lúdico: activa procesos emocionales y éticos que generan resonancia más allá de la pantalla, consolidando al videojuego como una de las formas narrativas más poderosas de nuestro tiempo.
En los últimos años, estudios independientes han abordado temas como la memoria histórica, el desplazamiento forzado o el cuidado del territorio desde perspectivas innovadoras. Al validar estas narrativas, los Premios Príncipe de los Páramos envían un mensaje claro: el videojuego no debe ser visto únicamente como entretenimiento, sino como un lenguaje capaz de cuestionar, sensibilizar y proponer nuevas maneras de entender el país y su diversidad. Esta apertura no solo legitima al medio, sino que invita a más creadores a explorar historias que conecten con realidades profundas.

La primera edición del Festival Biodiverso Príncipe de los Páramos, realizada del 22 al 25 de julio en Bogotá, fue el escenario donde se entregaron los premios y se celebró una conversación más amplia sobre arte y biodiversidad. Durante cuatro días, cineastas, músicos, artistas escénicos, desarrolladores de videojuegos, escritores y público en general compartieron reflexiones sobre cómo narrar el país desde su diversidad natural y cultural.
El festival combinó proyecciones, conversatorios y espacios de encuentro que permitieron tender puentes entre industrias que rara vez coinciden. Conversatorios como Colombia, potencia animada abordaron el impacto de la animación infantil en la educación ambiental, mientras que la proyección de Somos Ballenas -posterior ganador como Mejor Documental- evidenció el poder del arte para inspirar protección del territorio. La presencia de regiones como San Andrés, representada por el cortometraje Rodrigo Branquias y el canal Teleislas, recordó que las historias más potentes también nacen en las orillas y márgenes del país.

La ceremonia de premiación dejó momentos memorables que reflejan el espíritu de la iniciativa y el valor de cada proyecto reconocido. El Premio a la Trayectoria Artística fue entregado a Aterciopelados, dúo que durante más de tres décadas ha conectado identidad, naturaleza y diversidad en su música, convirtiéndose en referente cultural para varias generaciones. Además, la agrupación también celebró el galardón a Mejor Video Musical por Agradecida, una colaboración junto a Gustavo Santaolalla y Camila Moreno, que fusiona sonoridades latinoamericanas con un mensaje profundo de gratitud y conexión con la tierra.
En el teatro, la obra Té con cucas – Viaje a la Quinta Dimensión de Casa Teatrova obtuvo el galardón a Mejor Obra de Teatro, reafirmando la capacidad del escenario para abordar lo social y lo ambiental desde un lenguaje íntimo y profundamente humano.
En el ámbito audiovisual, la producción Bogotario, realizada por Canal Capital y Épica Studio, recibió el premio a Mejor Serie Documental por retratar la memoria urbana de Bogotá y sus múltiples voces. En la misma línea, el documental Somos Ballenas, producido por la Fundación Natibo y Señal Colombia, fue reconocido como Mejor Documental por su capacidad de sensibilizar sobre la biodiversidad marina y los retos de preservarla.

La categoría de ficción celebró a Cuentos del Páramo de UWE Bristol y BBC Studios, que se llevó el premio a Mejor Ficción por narrar desde el páramo historias universales en clave local. A su vez, la serie La Perdida de Liquid Light obtuvo el galardón a Mejor Serie de Ficción, destacando su capacidad de construir narrativas profundas y emocionalmente resonantes.
En la animación, Frailejón Ernesto Pérez y el acecho de las sombras siniestras, de Piragna y Señal Colombia, ganó el premio a Mejor Serie de Animación, confirmando el poder de los contenidos infantiles para inspirar conciencia ambiental en nuevas generaciones.
La categoría de publicidad reconoció a Spot TDT de Canal Trece y MinTIC como Mejor Spot Publicitario, una pieza que logró transmitir de manera efectiva el mensaje de conectividad y diversidad del país.

En el terreno interactivo, A Deep World, desarrollado por José Striedinger en colaboración con USC Games y Berklee College of Music, fue galardonado como Mejor Videojuego. Este reconocimiento con raíces colombianas y vocación internacional, abre la puerta para que más creadores encuentren en este lenguaje interactivo una plataforma para contar historias que dialogan con el territorio y la biodiversidad del país.
El premio a Mejor Vodcast fue para Poderosxs y Diversxs, que emocionó con la participación de Christian Briceño y su entrevista en Lengua de Señas Colombiana, recordando la importancia de la inclusión en las narrativas audiovisuales. Finalmente, el reconocimiento a Personaje Poderosx y Diversx del Año fue para Pachayaku, cuyo carisma y espontaneidad rompieron esquemas y convirtieron su participación en uno de los momentos más entrañables de la ceremonia.

Este conjunto de galardones, diverso en disciplinas y voces, reafirma la intención de los Premios Príncipe de los Páramos: mostrar que las historias, sin importar su formato, tienen la capacidad de conectar con la biodiversidad, la memoria y la identidad del país. Al reconocer expresiones que van desde la música hasta la animación, pasando por el teatro, la ficción y los videojuegos, la premiación celebra la riqueza creativa del país y la capacidad de cada obra para reflejar realidades distintas desde su propio lenguaje.
Esta primera edición, más que una entrega de premios, se convirtió en una declaración de principios: visibilizar narrativas que dialogan con nuestro territorio y nuestra gente, y proyectar un futuro en el que estas expresiones sigan tejiendo una narrativa común sobre quiénes somos y hacia dónde queremos ir. Con propuestas que abarcan memoria urbana, teatro con propósito, animación ambiental y videojuegos con mensaje, el evento plantó una semilla que puede transformar la manera en que Colombia cuenta sus historias.
Felicitaciones a todos los ganadores y protagonistas. El desafío ahora es consolidar lo alcanzado, abrir más espacios para nuevas voces y asegurar que este puente cultural entre narrativas y naturaleza siga creciendo. Si el futuro se escribe con las historias que contamos, este premio ya dejó su huella.