
Los usuarios colombianos de PlayStation Store dejarán de comprar juegos, contenidos adicionales y suscripciones con precios expresados en dólares. Entre el 5 y el 8 de octubre de 2026, Sony realizará la migración de su tienda al peso colombiano, una modificación que hará más comprensible el cobro final y reducirá la incertidumbre asociada a la conversión bancaria. Sin embargo, presentar el cambio como la llegada de “precios locales” conduce a una conclusión que todavía no puede sostenerse: cobrar en pesos no equivale necesariamente a cobrar de acuerdo con la capacidad adquisitiva del país.
La transformación forma parte de un proceso regional. México, Honduras y Nicaragua completaron su migración en agosto, mientras que Colombia y Chile entrarán en una segunda etapa. Durante el mantenimiento previsto para octubre, la tienda permanecerá temporalmente fuera de servicio en estos dos países: no será posible comprar, canjear códigos ni agregar dinero al monedero. Cuando vuelva a operar, precios, cargos y comprobantes aparecerán en pesos colombianos o chilenos, según el territorio.
Sony también convertirá automáticamente el dinero almacenado en las cuentas. En Colombia utilizará una equivalencia de un dólar por $4.000; en Chile, de un dólar por 929 pesos chilenos. Las tarjetas de regalo denominadas en dólares conservarán su validez y serán transformadas mediante la misma equivalencia cuando se canjeen después de la migración. Las suscripciones continuarán activas, aunque su siguiente cobro podrá presentar variaciones por el cambio de moneda.
La cifra de $4.000 ha provocado inquietud porque supera ampliamente la cotización del dólar reportada al momento del anuncio. La comparación, no obstante, necesita una precisión fundamental: esa equivalencia fue comunicada para convertir el saldo existente y las tarjetas de regalo, no como fórmula pública para calcular todos los juegos del catálogo. Si un usuario conserva diez dólares en su monedero, recibiría $40.000; eso resulta más favorable que convertir el mismo saldo a una tasa cercana a $3.140. El riesgo de encarecimiento aparecería si Sony trasladara esa equivalencia a los precios de venta, algo que aún no puede comprobarse.
La experiencia mexicana explica parte de la desconfianza. Allí se utilizó una tasa de 20,5 pesos mexicanos por dólar para convertir los fondos, por encima del valor de mercado registrado cuando se anunció la medida. Pero incluso ese antecedente no permite trasladar automáticamente el cálculo a Colombia: impuestos, redondeos y decisiones comerciales pueden producir valores distintos para cada juego. El precio definitivo solo podrá evaluarse cuando la tienda colombiana vuelva a operar y sea posible comparar una muestra amplia del catálogo antes y después del cambio.

La migración sí resuelve una fricción concreta. Hasta ahora, el valor visible en dólares no necesariamente coincidía con el total registrado en la cuenta bancaria del comprador. La tasa aplicada por la entidad financiera, los impuestos y eventuales cobros por operaciones internacionales podían modificar el resultado. Mostrar el precio directamente en pesos permite saber con mayor claridad cuánto cobrará la plataforma, aunque todavía será necesario comprobar si los bancos dejarán de clasificar la transacción como una compra internacional.
Esa transparencia no debe confundirse con regionalización. Un precio regional reconoce diferencias de ingreso, demanda y capacidad de pago entre mercados; una conversión monetaria simplemente expresa en otra divisa un valor decidido por la plataforma. Steam, por ejemplo, ofrece referencias regionales para que los editores establezcan valores diferenciados, aunque cada compañía conserva la decisión final. Sony no ha anunciado un sistema equivalente para Colombia ni ha explicado públicamente si modificará la estructura con la que editoras y desarrolladores fijan sus precios.
La distinción también importa para los estudios. El precio final influye en la demanda, pero los ingresos de desarrolladores y editoras dependen de acuerdos, impuestos y liquidaciones internas que no necesariamente cambian porque el comprador vea pesos en pantalla. Para las compañías latinoamericanas, una política regional tendría implicaciones comerciales más profundas: permitiría pensar el territorio desde sus propias condiciones económicas. Por ahora, Sony ha anunciado una localización del cobro, no una redistribución de precios.
El cambio podrá juzgarse después del 8 de octubre, comparando juegos de diferentes rangos, ediciones, contenidos descargables y planes de PlayStation Plus. Si los valores en pesos guardan una relación razonable con los anteriores y eliminan costos bancarios imprevisibles, la migración habrá mejorado la experiencia de compra. Si la nueva moneda solo oculta una conversión elevada, el usuario tendrá mayor claridad, pero no mayor acceso. Cambiar el signo que aparece delante del precio es útil; adaptar ese precio a la realidad colombiana sería una decisión mucho más significativa.